Contrato de depósito mercantil

Por Nuri Rodríguez Olivera y Carlos López Rodríguez

El Código de Comercio (CCom) no define al depósito. Está sí definido en el art. 2239, inc. 1, del Código Civil (CC), que establece lo siguiente:  

El depósito, en general, es un acto (art. 2.287, inc. 3) por el cual alguno recibe una cosa ajena con la obligación de guardarla y de restituirla en especie”.

Para que el depósito sea mercantil debe tener los caracteres especificados en el art. 721 del CCom:

“Para que el depósito sea considerado mercantil, es necesario:

1. Que sean comerciantes ambos contrayentes.

2. Que las cosas depositadas sean objetos del comercio.

3. Que se haga el depósito a consecuencia de una operación mercantil.”

El depósito, entonces, es un acto de comercio por conexión, requiriéndose una triple conexión: con los dos sujetos que lo celebran, que deben ser comerciantes, con una operación mercantil y con un objeto mercantil.

I. Empresa y depósito

A pesar de lo dispuesto en el art. 721, el n° 4 del artículo 7, reputa mercantil a la "empresa de depósitos", sin hacer distinciones.

En una primera posición interpretativa, habría dos formas de determinar la comercialidad de un depósito, según se trate de una operación aislada de depósito o de contratos realizados a través de una empresa. Los autores que sustentan esta posición, parten de la premisa de que en el art. 7, la palabra “empresa” debe entenderse como “organizaciones que realizan a riesgo propio y para terceros, en forma habitual y repetida” una determinada actividad, en este caso el depósito[1].

A partir de esta posición interpretativa, siempre que los barraqueros o administradores de casas de depósito organicen capital y trabajo ajeno, el depósito será comercial, aunque no se verifiquen los extremos requeridos por el art. 721. Así, por ejemplo, aunque el depositante no sea comerciante o las cosas depositadas no sean objeto del comercio o el depósito no se haga a consecuencia de una operación mercantil, el contrato de depósito celebrado por una empresa de depósitos, igualmente, sería comercial.

En otra posición, puede entenderse que la atribución de comercialidad que se efectúa en el artículo 7, numeral 4, se hace a los efectos de la calificación de una persona como comerciante, de acuerdo al texto del artículo 1. En esta línea interpretativa, para que una persona adquiera la calidad de comerciante, no se necesita que los contratos que esta persona celebre reúnan los caracteres del artículo 721. Es suficiente que la persona realice una actividad continuada de depósitos, civiles o comerciales. Decía Mezzera Álvarez:

Mientras el contrato de depósito, aisladamente considerado, puede ser comercial o no, según que reúna o no los requisitos del art. 721, la empresa de depósitos, como tal empresa, será siempre de carácter comercial. Puede así suceder, y sucede frecuentemente, que una empresa de depósitos, que tiene el carácter mercantil, realice depósitos que, aisladamente considerados, no tengan este carácter y deban ser calificados como depósitos civiles, entre otras cosas porque una de las partes, el depositante, puede no ser comerciante según lo exige el art. 721, o las cosas depositadas pueden no ser objeto del comercio o no hacerse el depósito a consecuencia de una operación mercantil.

Una tercera postura, parte de considerar que la expresión "empresa" en el numeral 4 del artículo 7, fue utilizada como sinónimo de actividad profesional. Sobre esta base, se considera que el artículo 7 sólo enumeró sintéticamente los actos que deberían considerase mercantiles, dejando la especificación de las características que los distinguen de sus homónimos civiles, para el libro II, destinado a la regulación de los contratos. Así, entonces, en esta postura, la determinación de la comercialidad del depósito dependerá de la verificación de los supuestos contenidos en el artículo 721 y no del carácter empresarial del depositario.

Confirma esta postura el artículo 132, que contiene una remisión al capítulo que regula el contrato de depósito. En esta línea, los barraqueros y administradores de casa de depósito, a los cuales se refiere el artículo 124, son aquellos que realizan depósitos bajo el régimen del Código de Comercio. Ello, también, aparece confirmado por varios artículos que, al regular la figura del barraquero, lo conecta con operaciones comerciales de quien contrata el depósito[2].

Adviértase que la misma técnica parece haber sido empleada en lo referente a la compraventa comercial. En el numeral 1 del artículo 7 se expresa que se reputa comercial “toda compra de una cosa para revenderla o alquilar el uso de ella...”. Sin embargo, en sede de contratos, el artículo 515 nos aclara que, a pesar de la amplitud del artículo 7, sólo se debe considerar mercantil la compraventa de cosas muebles.

II. Diferencias con el depósito civil

Cuando en el artículo 721 trascripto se hace referencia a  objetos de comercio, debe entenderse cosas muebles. De modo que sólo puede haber depósito mercantil de cosas muebles. En el Código Civil puede, además, haber depósito de inmuebles. El artículo 2.241 del Código Civil establece: “Puede ser objeto del depósito las cosas muebles o raíces, aunque, por lo general, sólo se verifica en las primeras”.

Otra diferencia en el régimen del depósito comercial, respecto al civil, es la onerosidad del comercial (art. 722). En el Código Civil, el depósito es ordinariamente gratuito.

III. Contenido obligaciones del deposito

Según explica Gamarra, la utilización de los vocablos “recibe” y “entrega” en tiempo presente, en los artículos 2.239 y 2.240 del Código Civil, es indicativa de la naturaleza real del contrato. La entrega es “constitutiva” del negocio, a diferencia de lo que sucede con los contratos consensuales, donde la Ley emplea otra fórmula, en futuro: “se obliga a entregar”.

La mayoría de la doctrina considera que la función que caracteriza a este contrato es la custodia. A pesar de que esta función existe, también, en otros contratos, constituiría el fin exclusivo o, por lo menos, predominante del contrato de depósito[3].

Se diferencia de otros contratos en que la custodia es una obligación accesoria. Por ejemplo, en el transporte, la obligación es trasladar una cosa de un lugar a otro pero, accesoriamente, el transportador debe cuidar de la cosa transportada.

A. Obligación de custodia

El artículo 1.334 del Código civil, aplicable por la remisión del artículo 2.251, establece:

La obligación de entregar la cosa contiene la de conservarla como buen padre de familia, hasta que la tradición se verifique”.

Esta obligación se encuentra, también, en el artículo 124, numeral 4, del Código de Comercio:

Los barraqueros y administradores de casas de depósito, están obligados:...

...

 4. A conservar en buena guarda los efectos que recibieren y a cuidar que no se deterioraren, haciendo para ese fin, por cuenta de quien perteneciere, las mismas diligencias y gastos que harían si fueren propios”.

1. Responsabilidad por deterioros

Los deterioros sufridos por la cosa son de cuenta del depositante, salvo que provengan de la culpa del depositario. El artículo 726 del Código de comercio Dispone:

El depositario debe devolver la cosa en el estado en que se halla al tiempo de la restitución. Los deterioros que no provienen de culpa suya, son de cuenta del depositante[4].

El artículo 727 del Código de comercio agrega:

El depositario no está obligado al caso fortuito, a no ser:

1. Que haya incurrido en mora de restituir la cosa.

2. Que el depósito consistiese en dinero y haya usado de él (art. 724).

3. Que haya tomado sobre sí los casos fortuitos, o que éstos se hayan verificado por su culpa”.

La norma recoge el principio de que es el depositante quien soporta los riesgos. Se aplica la regla res perit creditori. El depositario responde de la buena conservación de los efectos y no responde por la fuerza mayor o el caso fortuito.

2. Diligencias y gastos de conservación

En sede de barraqueros y depositarios se establece la obligación de conservar en buena guarda los efectos que recibieren y cuidar que no se deterioren, haciendo para ese fin, por cuenta de quien perteneciere, las mismas diligencias y gastos que harían si fueren propios. El depositario es responsable por los perjuicios causados por el incumplimiento de esta obligación (art. 124, n. 4):

Art. 124. Los barraqueros y administradores de casas de depósito están obligados:

...

4º A conservar en buena guarda los efectos que recibieren y a cuidar que no se deterioren, haciendo para ese fin, por cuenta de quien perteneciere, las mismas diligencias y gastos que harían si fueren propios.

3. Remisión a las normas sobre mandato y comisión

El artículo 723 establece una remisión a normas del mandato y comisión. De las normas remitidas nos interesa destacar las siguientes, que imponen especial diligencia.

El artículo 351 establece que el comisionista responde de la buena conservación de los efectos, salvo caso fortuito o de fuerza mayor o si el deterioro proviniese de vicio inherente a la cosa. El artículo 352 obliga a dar aviso, sin pérdida de tiempo al comitente, de cualquier daño que sufriesen los efectos existentes en su poder y a hacer constar en forma legal el verdadero origen del daño.

El artículo 353, agrega que las mismas diligencias debe practicar el comisionista, siempre que, al recibirse los efectos consignados, notare que se hallan averiados, disminuidos o en estado distinto del que conste en las cartas de porte o fletamento, facturas o cargas de aviso. Esto es, cuando se reciben los bienes depositados, debe dar aviso al comitente, del estado en que los recibe, si hubiere diferencia en el estado que consta en la documentación relacionada con el transporte.

4. Responsabilidad por hechos de los dependientes

Los depositarios responden por los hechos de sus factores o dependientes. Lo establece expresamente el artículo 128:

Son igualmente responsables a los interesados por las malversaciones u omisiones de sus factores, encargados o dependientes, así como por los perjuicios que les resultasen de su falta de diligencia en el cumplimiento de lo que dispone el artículo 124, núm. 4”.

5. Responsabilidad en caso de hurto

Los depositarios responden en caso de hurto, salvo fuerza mayor. El artículo 127 dispone:

Los barraqueros o administradores de depósito responden por los hurtos acaecidos dentro de sus barracas o almacenes, a no ser que sean cometidos por fuerza mayor, la que deberá justificarse, inmediatamente después del suceso, con citación de los interesados o de quienes los representen”.

B. Obligación de no usar la cosa depositada

En el régimen del Código Civil el depositario no puede usar el bien depositado. El artículo 2.254 del Código Civil establece:

Cuando el depositario tiene permiso de servirse o usar de la cosa depositada, el contrato cambia de naturaleza y ya no es depósito, sino préstamo o comodato”.

En nuestro Código de Comercio no se prohíbe expresamente al depositario usar la cosa depositada pero existe una previsión especial para el depósito de dinero. El artículo 724 establece:

“El depositario de una cantidad de dinero no puede usar de ella. Si lo hiciere, son de su cargo todos los perjuicios que ocurran en la cantidad depositada, y debe abonar al depositante los intereses corrientes”.

Advertimos que en el depósito bancario, el banco puede usar el dinero depositado. Por ello la doctrina lo llama depósito irregular. Aunque, en esta operación bancaria,  aplicando el artículo 2.254 del Código Civil trascripto, podría decirse que el contrato cambia de naturaleza y se convierte en préstamo.

C. Obligación de restitución

El depositario está obligado a devolver la cosa en el estado en que se halla al tiempo de la restitución. El artículo 125 del Código de Comercio establece:

Los barraqueros y administradores de depósito, son responsables a los interesados de la pronta y fiel entrega de los efectos que hubiesen recibido, so pena de pagar daños y perjuicios siempre que no la efectuaren dentro de 24 horas después de haber sido judicialmente requeridos con los recibos respectivos”.

La tasación sobre efectos que falten u otros perjuicios se debe hacer por peritos arbitradores (art. 129).

1. Riesgo de la variación de valor

El  artículo 725  dispone:

Si el depósito se constituyere con expresión de la clase de moneda que se entrega al depositario, serán de cuenta del depositante los aumentos o bajas que sobrevengan en su valor nominal”.

La norma es coherente con el régimen de este contrato. La propiedad del bien depositado es del depositante y suyos son los riesgos sobre la variación de su valor si se trata de moneda.

2. Cosas entregadas cerradas y selladas

El artículo 2.255 establece:

“Cuando las cosas depositadas se entregan cerradas y selladas, debe restituirlas el depositario en la misma forma y responderá de los daños y perjuicios si ha sido forzado el sello o cerradura por su culpa, en cuyo caso se estará a la declaración del depositante en cuanto al valor de lo depositado.

Si esto acaeció sin culpa del depositario, incumbe al depositante la prueba del valor de lo depositado.

En todo caso de fractura o forzamiento, se presumirá culpa en el depositario, salvo a éste la prueba de que no la hubo.”



[1] Mezzera Álvarez, Curso de Derecho Comercial, t. I, p. 263.

[2] Pérez Fontana considera que, en general, las relaciones de los barraqueros y empresarios de casas de depósito con sus respectivos depositantes deben ser disciplinadas por el Código civil, en razón de que el Código de comercio dispone que le sean aplicables las disposiciones del Título “Del Depósito” (art. 132) y en este título sólo se consideran comerciales los depósitos que cumplan con lo establecido en su artículo 721, antes referido. Como difícilmente un contrato de depósito cumpliría con todas estas condiciones, las disposiciones del título en estudio no se aplicarían en la práctica[2].

En el mismo sentido, Pérez Fontana sostiene que en el país funcionarían otras “casas de depósito”, que se regirían por las disposiciones del Código civil. Estas casas se dedicarían preferentemente a la “recepción de bienes muebles, a recibir ropas y otros enseres, a mantener en depósitos refrigerados pieles y otras prendas durante el verano”.

[3] Gamarra, Tratado de Derecho Civil Uruguayo, t. 8, p. 130.

[4] El artículo 2.257 del Código civil establece:

“El depositario debe devolver la cosa en el estado que se halla al tiempo de la restitución. Los deterioros que no provengan de culpa suya, son de cuenta del depositante.  

 

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