La Edad Media

Por Carlos López Rodríguez

En el siglo IV, el Imperio Romano se dividió en dos: el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente. Entre ambos ocupan gran parte de Europa, el norte de África y una parte de Asia occidental. En lo que respecta a Europa, el Imperio Romano abarcaba la actual Inglaterra (hasta los confines de Escocia), la Galia, la península ibérica, la península itálica y la parte meridional de Germania. El límite septentrional de los territorios europeos bajo dominio romano lo constituían los ríos Rhin y Danubio[1].

Al norte del Rhin y del Danubio se encontraban los pueblos germánicos y eslavos, todavía nómades. Bajo la presión de los pueblos venidos de Asia, los germanos y eslavos se desplazaron hacia occidente. En el extremo occidental de Europa se mantenían algunos pueblos celtas[2].

En el siglo V, el Imperio Romano de Occidente desaparece, con la deposición de su último emperador (año 476)[3]. El Imperio Romano de Oriente, en cambio, resiste a las presiones de los invasores. El Derecho romano sobrevive allí como Derecho bizantino[4].

I. La alta Edad Media

En el norte y el oeste del territorio del antiguo Imperio Romano de Occidente, se forman reinos de origen germánico: los reinos Visigodos (en la península ibérica y en la Galia), el reino de los Burgundios (en el sudeste de la Galia), el reino de los Francos (en el norte de la Galia y en el oeste de Germania), el reino de los Ostrogodos y, después, el de los Lombardos (en la península itálica). En estos reinos se continúa aplicando el Derecho romano a las poblaciones de origen romano, en tanto que a los invasores se les aplica su Derecho de origen germánico (Derecho visigodo, franco, lombardo, etc.).

Entre el siglo V y el VIII se produce, lentamente, la amalgama entre el Derecho romano y los Derechos germánicos[5], con la excepción de los Derechos de los anglos, los sajones y los escandinavos, que se mantienen fuera de la influencia romana. Lo mismo sucede con los eslavos[6].

A. Condiciones políticas, económicas  y sociales en la alta Edad Media

A consecuencia de las invasiones de los bárbaros y de la caída del Imperio Romano, surge una época de inseguridad social, de decadencia y confusión. Desde el siglo VI hasta el IX, el reino de los francos se extendió progresivamente hacia el sur y para el nordeste. Bajo Carlo Magno, el reino se transformó en un imperio (año 800).

A la muerte de Carlo Magno, los esfuerzos de sus sucesores por impedir el desmembramiento del territorio imperial y alcanzar la unificación del Derecho, son estériles. El poder imperial se debilitó en favor de los señores locales y el régimen político y social feudal prevaleció[7].

Desde fines del siglo IX hasta el siglo XII, la unidad territorial la constituyó el feudo. Los habitantes se refugiaban de los peligros en los castillos o fortalezas que construía el señor feudal. En tanto, en las ciudades, disminuidas en su población, decayó todavía más la actividad comercial y sólo se mantuvo un comercio local.

El feudalismo de esos siglos tenía como fundamento una rudimentaria organización agrícola pastoral. El señor feudal legislaba y ejercía jurisdicción sobre sus vasallos. Cada feudo tenía sus propias normas.

Sin embargo, sería erróneo suponer que la llegada de los bárbaros fuera la causa inmediata del reemplazo del comercio y de la vida urbana por una economía puramente agrícola y un estancamiento general de la circulación. Si bien en las fronteras externas del Imperio, algunas ciudades fueron saqueadas, incendiadas y destruidas, la inmensa mayoría de ellas sobrevivió. Muchas de las ciudades europeas actuales se alzan en lugares donde se encontraban las ciudades romanas y su nombre, a menudo, es sólo una transformación del nombre de éstas[8].

En realidad fue la expansión musulmana la que convirtió el Mar Mediterráneo en una barrera para el comercio, dando un golpe mortal a la economía europea. Desde el momento en que se consolidó dicha expansión, se rompió el vínculo comercial que ligaba a los reinos germánicos con el Imperio Bizantino, que constituía el sustento del desarrollo económico de aquéllos[9].

B. El Derecho en la alta Edad Media

El Derecho romano, durante la alta Edad Media, no encontró cultivadores y cayó en el olvido, sin perjuicio de que las normas recogidas de él por la costumbre, siguiesen rigiendo[10]. Como el Derecho canónico, el Derecho común y el germánico – vigentes en aquella época – no se adaptaban a las necesidades del comercio, los comerciantes fueron formando su propio Derecho, basado en las prácticas y costumbres (lex mercatoria), provenientes del Derecho Común y del Derecho Lombardo[11].

1. Derecho canónico

El Derecho canónico entorpecía el comercio con sus prohibición a los préstamos a interés y con la doctrina del justo precio[12].

La prohibición del interés tuvo por efecto apartar de la profesión bancaria a quienes estaban vinculados a la autoridad de la Iglesia. Sólo la ejercían los judíos o los cristianos denominados Lombardos o Cahorcinos, originarios del Norte de Italia o del Languedoc francés, que obtenían de las autoridades seculares una protección contra las condenas de la Iglesia[13].

Luego, la Iglesia tuvo que limitar la extensión de su prohibición, estableciéndose dos casos en que no regía. No se aplicaba cuando había un riesgo asumido en la operación de préstamo. Así, entonces, nunca se prohibió el préstamo a la gruesa, en que el prestamista está sujeto al riesgo de la aventura marítima.

Tampoco se prohibió la “commenda” en que un capitalista daba fondos a un comerciante a cambio de una parte de los beneficios que se obtuvieran mediante su aporte. El capitalista corría los riesgos del negocio comercial que realizaría el comerciante y por la existencia de ese riesgo, la Iglesia toleraba que se le pagara una compensación.

La prohibición de prestar dinero a interés no regía, tampoco, cuando se trataba de una operación a distancia. Se entendía que cuando se prestaba dinero que se transfería de lugar, el servicio dado por la transferencia del capital merecía una remuneración especial. Por ello, la Iglesia favoreció el desarrollo de la letra de cambio que, en su forma original, estaba destinada a permitir pagos en plazas extranjeras[14].

2. Derecho común

El Derecho común se formaba por el Derecho romano justiniano, interpretado por glosadores y por postglosadores. Se adecuaba a una sociedad agraria, sometida al régimen feudal, pero no resultaba aplicable a las actividades comerciales.

3. Derecho germánico

Especialmente, no resultaban adecuadas las formas del procedimiento judicial de origen germánico que revestían carácter religioso y mágico (ordalías, juicios de Dios).

II. La baja Edad Media

A fines del siglo X, renace el tráfico mercantil. La reiniciación de este tráfico se insertó en un fenómeno más amplio, en Europa Occidental, que se ha llamado “Renacimiento medieval”. No sólo renació el comercio, se revitalizaron las antiguas ciudades y se constituyeron nuevas; se formó la burguesía, como una nueva clase social; se crearon las primeras Universidades y devino la crisis del feudalismo[15]. En gran parte, el nuevo impulso comercial fue una consecuencia de la expansión demográfica que se produjo, entonces, en Europa Occidental.

Se atribuye, también, a Las Cruzadas, que abrieron vías de comunicación con el Cercano Oriente, provocando un creciente intercambio de productos entre los países europeos. En particular, las operaciones militares de Las Cruzadas necesitaron el apoyo financiero y bancario[16].

A partir del siglo XII y, sobretodo, del siglo XIII, los reyes y ciertos grandes señores territoriales, consiguieron reforzar su poder. En cada reino, se desarrolló un sistema jurídico propio, con base en las costumbres locales, la legislación real y las decisiones jurisdiccionales[17].

El Sacro Imperio Romano-Germánico (sobrevivencia del Carolingio) se debilitó a partir del siglo XIII, a favor de los señoríos territoriales y de las ciudades. La península itálica se convirtió en un conjunto complejo de principados y de ciudades autónomas, además de los Estados pontificios. Suiza se transformó en una confederación de cantones autónomos[18].

A. La actividad comercial en las ciudades medievales

El impulso comercial comenzó en Italia, concretamente en Venecia; luego se extendió a las restantes ciudades italianas de Amalfi, Pisa, Génova. Su influencia se extendió sobre el resto de Italia y en las demás ciudades europeas. En el Mar del Norte apareció, concomitantemente, un foco de actividad comercial, aunque menor, en Brujas (foto) y Ámsterdam. El fenómeno no fue igual en todas las ciudades. Sólo daremos sus líneas generales.

Existían ciudades en las que se desarrolló sólo un comercio local. El comercio atendía las necesidades de los pobladores de la ciudad y, por ello, estaba sometido a rígidas normas sobre calidad, medidas y precios. La reglamentación del comercio local tendía a evitar la competencia de los mercaderes extranjeros[19].

En otras ciudades se desarrolló, además del comercio local, un comercio interlocal, de exportación al por mayor. El comercio interlocal no estaba sujeto a la rígida reglamentación local y a veces estaba en pugna con ella. Hasta el siglo XIII, los profesionales de este comercio interlocal eran mercaderes ambulantes que acompañaban a sus mercaderías. El lugar de reunión de todos ellos eran las Ferias. Se destacaron las de Champagne y Lyón en Francia, la de Medina del Campo en España, la de Leipzig y Francfort en Alemania y la de Brujas en Flandes. En esas Ferias se intercambiaban productos, los mercaderes se rendían cuentas, se hacían pagos, se trasmitían experiencias y se perfeccionaban formas de negociación aún hoy vigentes. Con el tiempo, adquirió gran importancia el transporte por vías marítimas.

Paralelamente y estrechamente vinculado al comercio, surgió el negocio bancario. Aparecieron, entonces, las primeras dinastías de banqueros: los Medici en Italia y los Fugger en Alemania[20].

Cambista y su mujer, por Marinus Van Reumerswaele (Flandes, 1493-1567)

Paralelamente y estrechamente vinculado al comercio, surgió el negocio bancario. Aparecieron las primeras dinastías de banqueros: los Medici en Italia y los Fugger en Alemania[21]. En torno al 1300, en los tres centros comerciales más importantes, Génova, Florencia y Venecia, se había transformado ya la organización de los negocios. El comerciante disponía de informaciones de los centros en que actuaba, controlaba sumas de dinero aportadas pos sus asociados o por inversores, y procuraba maximizar sus beneficios moviendo mercancías y capitales[22].

La sociedades florentinas de los comienzos del siglo XIV eran las más avanzadas en sus estructuras y métodos. Las fimas familiares de los Antellesi, los Corsini, los Da Uzzano, los Bonaccorsi, los Cocchi, los Frescobaldi, los Acciaiuoli y las dos mayores, la de los Peruzzi y la de los Bardi, eran ya capaces de desarrollar comercio internacional con todo tipo de mercancías, inversiones en actividades industrials y, sobre todo, operaciones de cambio de moneda, transferencias y préstamos de cantidades importantes de moneda[23].

Hacia finales del siglo XV, los nombres que se destacan son los Médici, los Strozzi y los Pazzi. Los Médici contaban, a mediados de ese siglo, con una compañía dedicada a la manufactura de la seda, dos para la manufactura lanera y otra dedicada a la banca, todas éstas asentadas en Florencia y otras siete subsidiarias en Ginebra, Londres, Aviñón, Roma, Milán, Pisa y Venecia. En esta época, el conocimiento de los cambios en los centros comerciales europeos, el juego de efectuar pagos y cobros en una u otra moneda, el uso del crédito y otros mecanismos financieros, se convirtieron en actividades tan lucrativas como las puramente comerciales[24].


B. Corporaciones de comerciantes

En la baja Edad Media, cada ciudad se gobernaba a sí misma, faltando un poder unificante estatal o nacional. Dentro de las ciudades, con el desarrollo del comercio, se produjo el fenómeno corporativo o gremial. Dentro de cada ciudad, las personas que se dedicaban a una misma actividad se unieron. Los comerciantes y los artesanos se agremiaron. Se formaron corporaciones para defender los intereses comunes de los agremiados frente a un período de desintegración política, sin una autoridad central imperial fuerte.

Las corporaciones formadas se dieron su organización, similar a la que regía a la ciudad, con uno o más cónsules, que duraban un año o seis meses, y con un Consejo constituido por los comerciantes más ancianos. Una asamblea general de los agremiados designaba a esas autoridades.

Los gremios, organizados diversamente, según la ciudad, recibieron nombres distintos. Se les llama generalmente corporaciones, cofradías en España y guildes en Francia.

Luego, los gremios se federaron en hansas que intentaron monopolizar el gran tráfico comercial y restringir el número de sus partícipes. Hubo varias: la de Londres, la Teutónica y la Liga Hanseática.


C. El Derecho comercial en la baja Edad Media

En la baja Edad Media convivían numerosos sistemas jurídicos que evolucionaron en forma dispar. Sin embargo, los factores políticos, económicos y sociales desempeñaron un papel considerable, favoreciendo tanto la unificación del Derecho como el particularismo local. Aparecieron instituciones nuevas, bajo la presión del desarrollo económico[25].

Uno de los factores que influyó en forma fundamental en la evolución del Derecho europeo fue, a partir del siglo XII, el renacimiento del Derecho romano. Este renacimiento comenzó en la península itálica y expandiéndose, luego, en las ciudades de la actual Francia, Alemania, España y Polonia. En pequeña medida, el renacimiento del Derecho romano alcanzó a Inglaterra. Se formaron, entonces, progresivamente, dos tipos de Derecho europeo: un Derecho continental (que incluyó a Escocia) y un Derecho insular. El Derecho insular, desarrollado sobre la base de las decisiones de la jurisdicción real, se llamó Common Law. Los Derechos de Europa continental se denominan, desde entonces, Derechos romanistas[26].

El Derecho canónico mantuvo su importancia durante la baja Edad Media. Su decadencia comenzó en la época de la Reforma (siglo XVI). El Derecho bizantino mantuvo su vigencia en el sudeste hasta el siglo XV[27].

El Derecho comercial surgió, en este periodo, como una rama separada del Derecho civil, a consecuencia de un conjunto de factores muy especiales que analizaremos a continuación. Se constituye, entonces, como un Derecho separado, elaborado por los comerciantes y para los comerciantes, basado en sus usos y costumbres.

El aumento de los negocios mercantiles, la necesidad de asegurar la velocidad de las transacciones y reforzar el crédito, la celebración de ferias y mercados, la constitución de ligas y hermandades, la práctica reiterada de actos que da nacimiento a determinados usos y costumbres, traen como consecuencia la necesidad de una reglamentación especial para las operaciones que realizaban los comerciantes[28].

En las corporaciones se crearon tribunales especiales para dirimir las controversias que se suscitaban entre sus agremiados[29]. La justicia era aplicada por los cónsules, con recursos ante Supercónsules y, en algunos casos, ante la Asamblea. Desde luego, todos eran comerciantes, no versados en Derecho pero, como para resolver las controversias se aplicaban los usos y costumbres formados en la práctica del comercio, los jueces comerciantes estaban en condiciones de fallar.

Paralelamente a los tribunales de cada ciudad, existían los Tribunales de Feria, que también aplican la costumbre[30]. Las sentencias que se dictaban, sirvieron para fijar el Derecho Consuetudinario[31].

El procedimiento mercantil se basaba en la equidad, entendida como la búsqueda de la verdad real más que la formal. Se imponía al Juez examinar el caso concreto y, después de conocido, aplicar el Derecho consuetudinario teniendo en cuenta la buena fe. 

1. Estatutos medievales

El Derecho consuetudinario, posteriormente, se recogió en estatutos de la manera siguiente. Cuando un cónsul asumía el cargo, debía prestar juramento de administrar bien la corporación. Este contenía, al principio, reglas administrativas o industriales, sobre métodos de trabajo, pero, luego, se fueron incorporando normas recogidas de las costumbres. Los juramentos, las resoluciones de los Consejos y de las Asambleas se transcribían en volúmenes llamados estatutos, en forma cronológica. Después, con el tiempo, se instituyó una Magistratura entre los comerciantes mejores, que comenzaron a dar un orden sistemático al contenido de los estatutos.

Nació así un Derecho comercial estatutario, procedente de las costumbres, elaborado por comerciantes para los comerciantes agremiados y aplicado por los comerciantes que integraban los tribunales especiales. Estas normas constituyeron la llamada lex mercatoria[32], esto es: un Derecho comercial estatutario como un Derecho especial separado del común (civil), por oposición a la unidad del anterior sistema romano.

El origen del Derecho comercial actual, como derecho especial está, precisamente, en estos estatutos medioevales. Es en ellos donde se encuentra la fuente de la mayor parte de las instituciones típicas del Derecho comercial. Basta recordar que la regulación jurídica actual de los Registros mercantiles, la letra de cambio, las sociedades comerciales, los negocios bancarios, la quiebra y los distintos institutos del Derecho marítimo, encuentran su fuente remota en las normas estatutarias de la Edad Media.

Entre sus muchas características destacaremos tres: su carácter de Derecho de clase o profesional, su carácter privado y su uniformidad.

a. Subjetivismo

El Derecho comercial estatutario es un Derecho de clase o profesional, aplicable sólo a determinados sujetos: los comerciantes. Es un Derecho creado por los comerciantes para regir exclusivamente a los comerciantes. Esta concepción subjetiva del Derecho comercial será la predominante hasta la entrada en vigencia del Código de comercio francés, en 1808[33]

La disciplina de los estatutos y la competencia de los jueces no se extendía a quienes no formaban parte de las corporaciones de mercaderes[34]. Sólo regía para los comerciantes inscriptos en la matrícula de la corporación gremial. Por ello, se le califica como un Derecho subjetivo, pues su aplicación se daba en función del sujeto.

Es preciso aclarar que se daban subsidiariamente, además, rasgos objetivos. El estatuto y la competencia de los tribunales especiales alcanzaban a los comerciantes inscriptos en la corporación pero solamente cuando hubiera controversias causadas por su actividad comercial[35]. De manera que el estatuto del gremio de los comerciantes se aplicaba en función de la calidad de los litigantes (que fueran comerciantes integrantes de la corporación) y de la vinculación del objeto controvertido con su actividad comercial. El primero era el rasgo preeminente, el segundo era accesorio[36].

Con el propósito de delimitar el ámbito de la jurisdicción de las magistraturas consulares, los estatutos establecieron algunos elementos conceptuales relativos a los actos y operaciones que debían considerarse mercantiles. Allí está el germen de lo que, con el correr de los siglos, vendrá a ser el concepto de "acto de comercio"[37].

Si bien en el comienzo la lex mercatoria tuvo alcance restringido, luego, se desarrolló una evolución tendiente a ampliar el radio de su aplicación. A ello contribuyó la confianza que el público depositaba en los jueces consulares, según explica Rocco[38]. La primera extensión se dio cuando el Derecho especial y la jurisdicción consular se aplicaron a los extraños a la corporación que hubieren celebrado un negocio con un agremiado[39]. La segunda extensión se produjo cuando se aplicó la Ley mercantil a aquellas personas que – sin estar inscriptas en la corporación, como por ejemplo, clérigos, nobles, militares – ejercían de hecho el comercio. Se les consideraba como comerciantes, por una ficción, a los efectos de aplicarles el Estatuto y de juzgarlos por los cónsules de la corporación[40]. Gradualmente se fue pasando, de este modo, de un criterio subjetivo a uno en que tenía mayor importancia el dato objetivo de la realización de negocios mercantiles.

b. Carácter privado

Es un Derecho de carácter privado extraído de los usos y costumbres. No es creado por el poder público. No emana de una autoridad estatal sino que son los propios particulares quienes se dan sus normas. Con el tiempo, en algunas ciudades se consiguió que el municipio o las autoridades de la ciudad reconocieran las normas estatutarias.

c. Uniformidad

Se caracterizó el Derecho estatutario por la uniformidad. Se crearon normas similares de ciudad a ciudad. El Derecho comercial no es sólo un Derecho de una ciudad sino, más que ello, es un Derecho formado por costumbres y prácticas de una clase social - los comerciantes – que existe en todas las ciudades, con las mismas mentalidad y necesidades. Por ello, se crea un Derecho que es uniforme para todos los comerciantes de distintas ciudades[41]. Además, otra causa de la uniformidad radica en que el comercio más importante era, precisamente, el que se desarrollaba entre las ciudades y en las grandes ferias que se celebraban periódicamente. Por ello, en cada ciudad, los gremios tendieron a la uniformización de las normas, de modo de evitarconflictos.

2. Derecho comercial interlocal

Nació en esta época, además, un Derecho comercial interlocal[42]. Se creó en ocasión de las ferias y, también, con relación a la navegación marítima, que se desarrolló extraordinariamente en la Edad Media.

El Derecho comercial más importante fue el interlocal, nacido y aplicado en las Ferias, destinado a relacionamiento mercantil de aquellos comerciantes de mayor envergadura económica. Allí nació y se desarrolló la letra de cambio – que permitía evitar el transporte de dinero – y los negocios bancarios. Por eso, se formaron dos Derechos mercantiles: el regulador del comercio local y el regulador del comercio interlocal.

3. Compilaciones

Como final del proceso de formación de la legislación estatutaria, señalaremos la existencia de compilaciones. En ellas se agruparon las normas estatutarias de varias ciudades.

Las más importantes se elaboraron en el ámbito del Derecho marítimo. Podemos mencionar, entre otras, los Rooles de Olerón redactados hacia el siglo XI, que contienen los usos de las costas del Océano. Así, también, el Libro del Consulado del Mar, en el siglo XIV - redactado en Catalán y publicado en Barcelona - compiló los usos y costumbres de la navegación mediterránea con vigencia en el Golfo de Vizcaya. Los reglamentos de Wisby regulaban el comercio en el Mar Báltico y sirvieron de base para las futuras legislaciones de Dinamarca y Suecia. También, cabe mencionar las tablas de Amalfi. En Alemania se dictaron las Ordenanzas Marítimas de la Hansa Teutónica, que regía en las ciudades de la llamado Liga Hanseática, compuesta de las ciudades de Lubeck, Brunswick, Dantzing y Colonia[43].

Conclusión

En cuanto al aporte de la Edad Media al Derecho comercial, cabe destacar lo siguiente. Surgen en la Edad Media las principales instituciones del Derecho comercial. Aparecen los contratos de comercio, la letra de cambio, las operaciones bancarias, las sociedades comerciales, la jurisdicción comercial y la quiebra, mediante la cual se ejecutaba inmediatamente los bienes del deudor insolvente, para el pago rápido y equitativo de los acreedores. De las prohibiciones de la Iglesia, el ingenio de los comerciantes hizo nacer instituciones como la commenda, origen de la sociedad en comandita.


 


[1] Gilissen, Introdução Histórica ao Direito, p. 127.

[2] Gilissen, íd. ibíd..

[3] Pirenne, op. cit., p. 16.

[4] Gilissen, íd. ibíd..

[5] Gilissen, íd., p. 128.

[6] Gilissen, íd. ibíd..

[7] Gilissen, íd. ibíd..

[8] Pirenne, op. cit., p. 17-24.

[9] Obsérvese que le expansión musulmana se produjo a una velocidad inédita. En 50 años se extendió desde el mar de China hasta el Océano Atlántico. Al primer golpe, derriba al Imperio Persa (años 633-644). Luego, arrebata sucesivamente al Imperio Bizantino, Siria (634-636), Egipto (640-642), África (643-708) e irrumpe en España (711). La expansión sólo cesa a comienzos del siglo VIII, cuando por un lado los muros de Constantinopla (717) y, por otro, los soldados de Carlos Martel (732) quiebran su ofensiva (Pirenne, op. cit., p. 24/25).

[10] Andrade De Ochoa, Curso de Historia del Derecho, t. 1, p. 99.

[11] Wieacker, História do Direito Privado Moderno, p. 40.

[12] Broseta Pont, op. cit., p. 45.

[13] Hamel & Lagarde, op. cit., §16

[14] Hamel & Lagarde, íd. ibíd..

[15] Bercovitz, Derecho Comercial, Parte General, v. I, p. 9.

[16] Hamel & Lagarde, op. cit., §15. Estas fueron realizadas por la orden religiosa de los Templarios que se especializó en la financiación de las operaciones militares en el Mediterráneo Oriental.

[17] Gilissen, op. cit., p. 130.

[18] Gilissen, íd. ibíd..

[19] Bercovitz, op. cit., p. 13-4.

[20] Comparato encuentra un precedente de actuación societaria extraterritorial dentro de Europa durante los siglos XIII y XIV, en la actividad bancaria florentina de los Peruzzi, Bardi y Acciaiuoli. En estos casos se trataba simplemente de una sociedad mercantil constituida y con sede en Florencia que actuaba extraterritorialmente a través de agentes y representantes. Los Medici dieron un paso más, transformando las agencias en el extranjero en subsidiarias. Este es el caso de varias sociedades controladas por los Medici, con sede en Venecia, Roma, Milán, Brujas, Londres, Ginebra y Lyón. De esta manera los Medici procuraban evitar que la insolvencia en una ciudad consiguiera abarcar todo su patrimonio. La sociedad matriz del “grupo Medici” actuaba como una auténtica holding (Comparato, “Na proto-história das empresas multinacionais - o Banco Medici de Florencia”, Revista de Direito Mercantil, Industrial, Econômico e Financeiro, n. 54, p. 107/108).

[21] Comparato encuentra un precedente de actuación societaria extraterritorial dentro de Europa durante los siglos XIII y XIV, en la actividad bancaria florentina de los Peruzzi, Bardi y Acciaiuoli. En estos casos se trataba simplemente de una sociedad mercantil constituida y con sede en Florencia que actuaba extraterritorialmente a través de agentes y representantes. Los Medici dieron un paso más, transformando las agencias en el extranjero en subsidiarias. Este es el caso de varias sociedades controladas por los Medici, con sede en Venecia, Roma, Milán, Brujas, Londres, Ginebra y Lyón. De esta manera los Medici procuraban evitar que la insolvencia en una ciudad consiguiera abarcar todo su patrimonio. La sociedad matriz del “grupo Medici” actuaba como una auténtica holding (Comparato, Na proto-história das empresas multinacionais - o Banco Medici de Florencia, Revista de Direito Mercantil, Industrial, Econômico e Financeiro , Revista de Direito Mercantil, n. 54, p. 107/108).

[22] García de Cortázar & Sesma Muñoz, Historia de la Edad Media, p. 507.

[23] García de Cortázar & Sesma Muñoz, íd. ibíd..

[24] García de Cortázar & Sesma Muñoz, íd., p. 508-510.

[25] GILISSEN, op. cit., p. 130.

[26] GILISSEN, íd., p. 130/131.

[27] Gilissen, íd. ibíd..

[28] Houin & Pédamon, Droit Commercial, p. 2. Fontanarrosa, Derecho Comercial Argentino, Parte General, p. 18.

[29] Broseta Pont, op. cit., p. 43.

[30] Bercovitz, op. cit., p. 33 y 34.

[31] Bercovitz, íd., p. 23 y 24.

[32] Vivante decía al respecto: 

Por estos caminos surgía entonces el derecho: comerciantes eran los Cónsules y Sobrecónsules que debían deducirle de la experiencia cotidiana de los negocios; comerciantes eran los estatutarios en los que estaba delegada la compilación y la revisión de los estatutos; de comerciantes está compuesta la Asamblea general que debía aprobarlos. Así pasaba el derecho de los contratos a las costumbres, de éstas a la Ley y a las sentencias, por obra de aquellos mismos que le habían experimentado en la práctica de los negocios. Peligrosa confusión de funciones legislativas y judiciales en la que a menudo habrán triunfado, con daño de la justicia, los intereses de un individuo o de un arte; pero en ningún tiempo ni siquiera en los tiempos clásicos de Roma, la vida y la legislación se comunicaron tan rápidamente su recíproca influencia y jamás fue abreviada tanto la distancia que de ordinario separa el derecho positivo de las exigencias reales”.

[33] Pérez Fontana, Manual de Derecho Comercial, t. I, p. 24.

[34] Fontanarrosa, op. cit., p. 18.

[35] Uría, Derecho Mercantil, p. 5.

[36] Rocco explicaba : 

Ahora bien; para señalar la competencia judicial de los cónsules era insuficiente el solo factor de la profesión comercial de los litigantes; muchas veces sucedía que la contienda versaba sobre el ejercicio de la profesión (causa quae ad artem pertinet), porque, en efecto, no toda la vida y actividad del comerciante la absorbían su profesión y se desarrollaba en el ámbito corporativo; y en todo cuanto a su oficio no se refiriese estaba sometido a la legislación común y a los jueces ordinarios.

De ahí la necesidad de delimitar el concepto de la contienda comercial (causa mercantilis) o, como diríamos hoy, de la materia de comercio. Con arreglo a los estatutos, estaban sometidos a la jurisdicción mercantil:  primeramente las cuestiones referentes a los negocios de comercio en sentido propio. El concepto del negotiatio o mercatia o mercadantia, estaba identificado con mucha precisión con el de la compra de mercancías para revenderlas y de la sucesiva reventa. Al comercio de mercancías estaba equiparado el del dinero y desde este punto de vista se consideraban comerciantes también los banqueros, y los negocios de banca asuntos comerciales, que estaban asimismo sujetos a la jurisdicción mercantil. En tercer lugar se reputaban comerciales, bien por su relación con esta clase de asuntos propiamente dichos, bien por su importancia en el comercio bancario, las operaciones de cambio y las letras de cambio. Por último estaban sometidos a la jurisdicción mercantil todos aquellos negocios conexos con operaciones de comercio esto es, realizados occasione negotiationis, occasione mercantiae, occasione cambiorum. Por consiguiente, hubo de comenzar pronto a dibujarse el concepto que después había de hallar importante desarrollo y extensa aplicación del acto de comercio, pero queda siempre como presupuesto de la jurisdicción mercantil de profesión de los litigantes, y lo primero que se toma en consideración para ello es la calidad de la persona; todavía está lejos el concepto de acto de comercio aislado y circunstancial realizado por quien no se comerciante” (Rocco, op. cit., p. 16 y 17).

[37] Fontanarrosa, op. cit., p. 19.

[38] Rocco, op. cit., p. 16.

[39] Rocco, íd. ibíd..

[40] Rocco lo explicaba detalladamente. Expresaba que en el sistema de las corporaciones la profesión comercial está unida a la formalidad de la matriculación y que sólo es comerciante el inscrito en el registro, pero que, como excepción a ese principio, se reputaron comerciantes a los que ejercían el comercio sin estar inscritos. Escribía Rocco:

Así se amplió la autoridad de las corporaciones y la competencia de los jueces consulares, aun a aquellos que por su condición social no podían inscribirse en las corporaciones, como los nobles, los clérigos, los militares, cuando, infringiendo la prohibición para el ejercicio del comercio, hubiesen efectivamente adquirido la cualidad de comerciante... la jurisdicción comercial subsistía como una jurisdicción profesional, y el Derecho mercantil, derecho de los comerciantes; sólo que al fijarse la cualidad de comerciante se prescindía del requisito de la matriculación y se atendía únicamente al ejercicio efectivo del comercio. Consistía, pues, la importancia de la evolución indicada en que, mediante la ficción de equiparar al no inscripto al comerciante inscripto, eliminábase prácticamente el requisito formal de la matriculación de aquellas condiciones exigidas para adquirir la cualidad de comerciante y estar sometido a la jurisdicción y a las leyes de éstos. Cierto que de esta suerte se acusaba nuevamente el concepto ya aparecido del acto de comercio; porque si al principio el acto de comercio únicamente servía de criterio para fijar la profesión del litigante; por consiguiente, aunque nos hallamos siempre en el ámbito del derecho profesional, la profesión va perfilándose no sólo a base de un criterio meramente formal, sino sustancial” (Rocco, op. cit., p. 17-19).

[41] Sola Cañizares, op. cit., p. 19.

[42] Houin & Pédamon, op. cit., p. 3.

[43] Mantilla Molina, Derecho Mercantil, (§15, 16, 17).

 

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