Cuenta corriente bancaria

Por Nuri E. Rodríguez Olivera y Carlos E. López Rodríguez

La cuenta corriente bancaria está regulada en los arts. 33 a 38 de la Ley 6895 de 1919 y por Circulares del Banco Central del Uruguay, incorporadas a la Recopilación de Normas de Regulación y Contralor del Sistema Financiero, arts. 145 y siguientes.  

La cuenta corriente bancaria es el contrato convenido entre un banco y su cliente por el cual aquél se obliga a realizar, por cuenta de éste, todas las operaciones inherentes al servicio de caja, contabilizando puntual y sistemáticamente los ingresos y egresos de fondos en la cuenta del cliente

Se conviene el banco llevará una cuenta especial en que se registrarán los importes que el cliente deposite en el banco, así como los retiros que efectúe. Los retiros se deben efectuar mediante el libramiento de cheques. También, puede utilizarse la cuenta corriente bancaria para registrar la utilización de un crédito concedido por el banco.

El cuenta correntista dispondrá de los saldos a su favor o de los créditos concedidos, total o parcialmente, mediante el giro de cheques. Generalmente se admiten órdenes de crédito o de débito formuladas de otra forma, y la posibilidad de realizar compensaciones, pero la mecánica normal establecida es el uso del cheque. El cheque es el resorte técnico previsto para operar, tanto en la cuenta corriente con provisión de fondos, efectuada por el cliente, como en aquélla que se nutre con el crédito acordado por el banco.

El mecanismo de la cuenta corriente bancaria supone que el banco no sólo ha de llevar una cuenta sino que, además, ha de prestar lo que se llama un "servicio de caja", atendiendo el pago de los cheques que se libren contra esa cuenta. Por el contrato de cuenta corriente, el banco autoriza al cliente a girar cheques y asume, como obligación principal, la de atender su pago, prestando este servicio.

I. Modalidades de la cuenta corriente bancaria

El art. 33 de la Ley de 1919 admite dos formas de cuenta corriente bancaria: con provisión de fondos o a descubierto.

A. Con fondos propios

Cuando funciona con fondos propios se combina con el contrato de depósito bancario. El cliente deposita dinero en el banco y el banco anota la remesa en el haber de esa cuenta, obligándose a atender las órdenes de pago documentadas en cheques que se libren contra ella. Cuando el banco paga un cheque, debita su importe en la cuenta. El cliente podrá retirar dinero con cheques hasta el importe que resulta del haber.

El depósito bancario puede diversas otras formas, como la caja de ahorro, a la vista o a plazo fijo. Cuando se retira dinero de una caja de ahorro, el banco hace firmar al depositante, un formulario que contiene un recibo. El cliente lo firma y queda en poder del banco como comprobante del reintegro del importe depositado. La Ley no reglamenta este documento especialmente.

Lo que caracteriza a la cuenta corriente bancaria es que pueden efectuarse retiros de dinero mediante el giro de cheques, lo que no es posible en las otras modalidades de depósito.

Los créditos en cuenta pueden obedecer a depósitos en efectivo o en cheques o a transferencias efectuadas de otras cuentas.

Si en la cuenta se depositan cheques, estaremos ante un contrato de depósito mercantil combinado con un mandato para el cobro de los cheques. El cliente autoriza al banco a que gestione el cobro del cheque depositado.

B. Al descubierto

La cuenta corriente al descubierto está ligada a un contrato de apertura de crédito, por el cual el banco confiere al cliente el derecho de utilizar dinero hasta el monto total del crédito concedido, girando cheques contra la cuenta. Este mecanismo tiene la peculiaridad de que el cliente tiene la facultad de utilizar parte o todo el crédito, que puede rembolsar el dinero prestado, mediante depósitos en la cuenta y que puede volver a hacer uso del crédito, todas las veces que le interese dentro del plazo que se haya pactado.

El banco que abre un crédito a su cliente, utilizable en cuenta corriente, se compromete a pagar los cheques girados contra ella, hasta el importe del crédito concedido. El banco pagará los cheques y con ello se efectiviza el préstamo de dinero, cumpliendo con la apertura de crédito. Luego, el banco debita los importes de los cheques en la cuenta. El cliente, con depósitos sucesivos, puede ir reduciendo el importe de su deuda y podrá volver a utilizar el crédito, librando otros cheques.

Un banco puede abrir un crédito pero utilizable en vales. En tal caso, toda vez que el cliente necesita del crédito concedido deberá firmar un vale por el importe prestado. Luego, cuando lo cancela, el banco le restituirá el vale. Se repetirá esa operación toda vez que el cliente necesite hacer uso del crédito concedido.

El mecanismo del crédito utilizable en cuenta corriente es más ágil. El cliente utiliza ese crédito, girando cheques. La utilización del crédito simplemente se anota en el debe de la cuenta y el depósito para el reembolso se anota en el haber.

II. Diferencias con la cuenta corriente mercantil

Debe distinguirse la cuenta corriente bancaria de la cuenta corriente mercantil.

La cuenta corriente mercantil es el contrato por el cual las partes, generalmente dos comerciantes que mantienen negocios entre sí, se obligan a diferir la exigibilidad y la liquidación de sus respectivos créditos para un momento posterior, para lo cual llevan dos cuentas únicas y opuestas (debe y haber) que serán compensadas produciéndose la extinción de sus respectivas obligaciones, sin perjuicio del saldo acreedor o deudor que pudiera resultar.

Esto es: en la cuenta corriente mercantil, dos comerciantes convienen en llevar una cuenta en que se registrará lo que respectivamente se deben, concediéndose un crédito recíproco. Tanto la cuenta corriente mercantil como la bancaria son contratos normativos. Mediante ellos se establece un mecanismo general para regular los efectos de otros negocios jurídicos que se pueden celebrar entre los contratantes. Sirven para el cumplimiento o la ejecución de otros contratos.

En el contrato de cuenta corriente mercantil, las partes no contraen obligaciones determinadas, salvo la de llevar una cuenta en que se asentarán los importes que corresponden a negocios futuros a celebrar. Los negocios futuros podrán o no celebrarse. Si se celebran, los efectos económicos de esos negocios se reflejarán en asientos en la cuenta. Si  no se celebran, el contrato de cuenta corriente no entrará en la etapa de su ejecución. Cuando se abre una cuenta corriente bancaria, quien ha de llevar la cuenta es el  banco, que se obliga a registrar, en ella, las operaciones  que el cliente podrá o no celebrar  en el futuro.  

1. Quién lleva la cuenta

Cuando se abre una cuenta corriente bancaria, quien ha de llevar la cuenta es el banco, que se obliga a registrar, en ella, las operaciones que el cliente podrá o no, celebrar en el futuro. En la cuenta corriente mercantil, cada comerciante llevará una cuenta.

2. Reciprocidad en los créditos y deudas

La cuenta corriente se celebra cuando, entre dos comerciantes, existe una relación continuada de negocios. De sus relaciones nacen créditos y deudas recíprocas, que se van creando sucesivamente. Uno a otro se remiten mercaderías, dinero, títulos valores.

Es de la esencia de la cuenta corriente mercantil la reciprocidad en los créditos. De hecho la cuenta sirve, justamente, para no realizar liquidaciones constantes  y permitir que en el momento elegido por los comerciantes se produzca la liquidación de los créditos.

En la cuenta corriente bancaria, falta el carácter recíproco de los créditos y deudas. La cuenta corriente bancaria funciona, ya sea mediante depósito previo de dinero por el cliente o por concesión de crédito por el banco. En el primer caso, el crédito lo concede el cliente al banco. En el segundo caso, es el banco el que concede crédito al cliente.

3. Compensación de partidas y exigibilidad de los créditos

En la cuenta corriente mercantil los créditos que se asientan en la cuenta no se pueden exigir hasta que llegue el momento elegido para la liquidación. Se dilata su exigibilidad a un momento posterior en que se cerrará la cuenta y se compensarán  todos los los importes del debe y del haber y se determinará quién es deudor y quién es acreedor y el importe debido.

En la cuenta corriente bancaria, las partidas se compensan una por una y el resultado de cada compensación, si arroja saldo a favor del cliente, constituye una disponibilidad que éste puede utilizar en todo momento. Esto está consagrado en el art. 38 de Ley de 1919[1][2].

De manera que en la cuenta corriente bancaria no hay créditos inexigibles e indisponibles. La compensación se opera con cada remesa.

En la cuenta corriente mercantil hay inexigibilidad de los créditos que se asienta en cuenta. Se dilata su exigibilidad a un momento posterior en que se cerrará la cuenta y se compensarán los importes del debe y del haber y se determinará quién es deudor y quién es acreedor y el importe debido.

4. Libramiento de cheques

La disposición de fondos en la cuenta corriente se practica librando cheques. El banco puede, también, hacer débitos ordenados por el cliente o autorizados por éste.

La cuenta corriente mercantil, por sí misma, no sirve de fundamento para el libramiento de ningún título valor.

III. Consideraciones sobre el contrato de cuenta corriente bancaria

El contrato de cuenta corriente bancaria y el de apertura de crédito, son contratos consensuales. Se perfeccionan con el solo acuerdo de las partes: clientes y banco.

A. Documentación

La Ley de 1919 presupone la existencia de un documento. En el art. 37 dispone: “Las partes fijarán la tasa del interés y todas las demás cláusulas que establezcan las relaciones jurídicas entre el cliente y el Banco”.

El documento que se extienda tiene eficacia probatoria.

Por el art. 147 de la Recopilación de Normas e Regulación y Contralor del Sistema Financiero del Banco Central del Uruguay, se ha impuesto a los bancos la obligación de documentar los contratos de cuenta corriente, estableciendo ciertas constancias que ese contrato debe necesariamente contener. En cuanto a la posibilidad de que el contrato de cuenta corriente contenga estipulaciones abusivas nos remitimos a las normas contenidas en la Ley 17.250 de relaciones de consumo.

B. Cierre de la cuenta

El art. 34 de la Ley 6.895 de 1919 establece que la cuenta bancaria puede cerrarse cuando lo exija el banco o el cliente, previo aviso con diez días de anticipación, salvo convención en contrario.

No debe confundirse el cierre de la cuenta corriente con su clausura. El cierre es la liquidación de una cuenta para fijar el saldo y capitalizar intereses. No significa, necesariamente, la extinción del contrato.

La Ley 6.895 de 1919 contiene una norma sobre rendición de cuentas. El art. 35 dispone: 

“Los Bancos deberán pasar a los clientes, dentro de los ocho días siguientes a la terminación del trimestre o período convenido de liquidación, una comunicación avisándoles sus saldos y pidiéndoles su conformidad escrita. Esta, o las observaciones a que hubiere lugar, deben ser presentadas dentro de diez días de recibido el aviso. Si en este plazo el cliente no contestare, se tendrán por reconocidas las cuentas en forma presentada y sus saldos deudores o acreedores serán definitivos en la fecha de la cuenta.  

La norma general contenida en el art. 86 del Código de Comercio (CCom), establece el plazo de un mes para hacer observaciones a la rendición de cuentas, admitiendo expresamente la prueba contraria y lo que se establezca en ciertos casos.

En cuanto al régimen de intereses, la Ley de 1919 en su art. 36 establece: “En la cuenta corriente bancaria los intereses se capitalizarán por trimestre, salvo estipulación expresa en contrario”.

 


[3][1] El art. 38 de la Ley de 1919 establece: “Todo Banco está obligado a tener sus cuentas corrientes al día para fijar su situación respecto al cliente”.

[4][2] En la Ley de 1919 el banco no podía pagar el cheque cuando tuviere conocimiento de fallecimiento del librador. La norma venía del art. 808 del CCom argentino, que repetía disposición de la Ley inglesa de 1882.