Denominación social  

Por Nuri E. Rodríguez Olivera

I. Consideraciones generales

La sociedad comercial es un contrato, con cuya celebración nace un nuevo sujeto de Derecho. En el contrato se debe estipular una denominación que ha de individualizar al sujeto creado.

La denominación de las sociedades comerciales se considera como un atributo de la personalidad, de la misma naturaleza que el nombre de las personas físicas. 

A. Función de la denominación social

1. Identificación

La denominación de la sociedad cumple la función del nombre de las personas físicas: distingue e identificar al sujeto jurídico societario[1].

2. Relación con terceros

Además, la denominación social es el instrumento que debe utilizar la sociedad para vincularse con terceros y para celebrar todos sus negocios jurídicos, de modo que se puedan imputar a la sociedad. La denominación social sólo puede ser utilizada por el representante de la sociedad.

Para adquirir bienes y derechos, el representante debe usar la denominación social. Para obligar a la sociedad, el representante debe usar la denominación social.

Usada por el representante en operaciones comprendidas en el objeto de la sociedad, obliga a ésta. La responsabilidad social sólo resulta del empleo de la denominación por quien puede usarla.

En resumen, es imposible que una sociedad pueda funcionar si no tiene denominación, porque para contratar debe usar esa denominación porque de otro modo no sería posible imputar los actos de sus órganos a la sociedad. La función que cumple la denominación determinó que el legislador se ocupara de dar normas a su respecto.

B. Origen de la denominación social

1. El signum societatis

Se ubica el origen histórico de las sociedades colectivas y en comandita en la Edad Media, encontrándose sus primeras formas en las ciudades italianas de Amalfi, Nápoles, Génova, luego Venecia. Es en ellas donde, también, nace el uso de la razón social, íntimamente ligada a ese tipo de sociedades.

El gran desarrollo del comercio mediterráneo, determinó la creación de numerosas asociaciones entre los comerciantes italianos. Estos reunían sus fortunas para poder abordar negociaciones costosas, para poder aumentar su crédito y se preocupaban de hacer conocer al público la sociedad formada. Los medios utilizados para que se manifestara exteriormente la existencia de la sociedad fueron múltiples.

En un principio firmaban juntos los contratos comerciales, empleaban en la documentación y en las relaciones con terceros en general, las expresiones “nosotros”, “nuestros bienes” o “de nosotros”[2]. Hasta entonces la sociedad había sido una relación entre socios sin trascendencia respecto de terceros. Al decir de Fremery, había asociados pero no sociedad. 

Luego, surgió en el Derecho comercial una nueva idea: la sociedad fue considerada como una persona jurídica, con voluntad, derechos y obligaciones propias. Paralelamente y como consecuencia natural de la aparición de la nueva idea, sociedad-persona, surge el uso de la razón social.

En la Edad Media, los comerciantes utilizaban como signos indicadores de su personalidad y, al mismo tiempo, como medio de publicidad, los llamados “signa mercatorum”. Estos representaban de tal manera al comerciante que le obligaba incluso cuando era empleado por un tercero con poder para ello. El uso admitió que las sociedades adoptaran un “signum” con el mismo significado y alcance, y éste se convirtió en “signum societatis”.

El "signum societatis" estaba en su origen compuesto de los nombres de todos los asociados. Luego, al extenderse la práctica de la publicación de los estatutos, la incorporación a la denominación social de los nombres de todos los socios, se hizo facultativa. Los terceros tenían posibilidad de conocer quienes integraban la sociedad. Se expande entonces el uso de la fórmula “N y compañía”.

Desde que se impuso el uso de la denominación social, no fue necesario para el perfeccionamiento de un acto social, ni la concurrencia al mismo de todos los asociados, ni que actuara un socio invocando un mandato expreso o tácito de los co-asociados. Se consideró que el "signum societatis" utilizado por cualquiera de los socios en la celebración de un acto social tenía el mismo valor que la firma de todos los socios.

2. Razón social

La expresión razón social viene de los antiguos libros de contabilidad, llamados “libros de razón”. 

En el encabezamiento de esos libros, la sociedad estaba designada por el nombre de todos los asociados.

En el régimen previsto para las sociedades comerciales, en nuestro Código de Comercio, se distinguía entre razón social y denominación (art. 395, nº 2). 

La razón social se imponía a las sociedades colectivas y en comandita. Las sociedades de capital e industria podían o no adoptar una razón social. 

La razón social se integraba con el nombre de socios que por el tipo social asumían responsabilidades personales por las obligaciones sociales. Para las sociedades de responsabilidad limitada se preveía razón social o denominación, y para las sociedades anónimas se preveía una denominación.

En materia de sociedades anónimas, el artículo 404 disponía que no tenían razón social, ni se podían designar por el nombre de uno o más de sus socios, sino por el objeto u objetos para que se hubiesen formado. No obstante, en la práctica, las sociedades adoptaban nombres de fantasía y, muchas veces, aun contrariando el texto legal referido, se empleaba, para distinguirlas, el nombre de una persona física seguida de las palabras “sociedad anónima” o de la sigla “S.A.” para que quedara claramente de manifiesto que la persona que figuraba en la denominación no era responsable personal por obligaciones sociales.

En nuestro Código de Comercio, la distinción entre razón social y denominación se fundaba en que sólo podían formar parte de una razón social nombres de socios responsables por las deudas sociales y, por consiguiente, sólo podían tener razón social (en la lógica de ese Código) aquellas sociedades integradas por socios que asumen ese tipo de responsabilidad. Nuestro codificador supuso que si se permitía a las sociedades anónimas adoptar una razón social, los terceros podían resultar engañados, puesto que serían llevados a creer en la responsabilidad de los socios cuyos nombres figuraran en la firma, siendo que estos únicamente respondían con el aporte efectuado. La razón social era evocación de las garantías personales que los acreedores tenían derecho a tener en cuenta.

Advertimos que la Ley 16.060 abandona la expresión “razón social” en todos los casos, empleando respecto de todos los tipos sociales, la expresión “denominación social”.

II. Régimen aplicable a la denominación social

El artículo 6 dispone que el contrato de sociedad debe contener, entre otras estipulaciones, la denominación que los socios eligen para individualizar a la sociedad que se constituye. 

El artículo 12 contiene reglas para la formación de una denominación:

Denominación. Se dará a la sociedad una denominación con la indicación del tipo social, expresado éste en forma completa, abreviado o mediante una sigla.

La denominación podrá formarse libremente pudiendo incluir el nombre de una o más personas físicas. Podrá utilizarse como tal una sigla.

La denominación no podrá ser igual o semejante a la de otra sociedad preexistente.

A. Libertad de elección y formación de la denominación

El segundo inciso del artículo 12 establece la regla de la libertad en la elección y formación de la denominación. Se puede adoptar un nombre que indique el objeto social o una designación de fantasía. También, puede ser una sigla, esto es  la letra o letras iniciales de una palabra o palabras.

La Ley prevé que se puede incluir el nombre de personas físicas en cuyo caso, por reglas generales, se deberá contar con su autorización. Si se usa el nombre de un socio, su autorización estará dada por su firma del contrato de sociedad que significa que presta consentimiento a todos los términos del contrato. Con este régimen liberal el sistema vigente se adapta a nuestros usos comerciales.

B. Inclusión del tipo social

El inciso 1 del artículo 12 dispone que en la denominación se debe incluir una referencia al tipo social, en forma completa, abreviada o mediante sigla. Por ejemplo, en una sociedad anónima puede establecerse como denominación “La Margarita Sociedad Anónima”, “La Margarita Soc. Anónima” o “La Margarita S.A.”.

Cuando se celebran contratos y cualquier tipo de negocio jurídico se debe utilizar la denominación con el tipo social. La omisión de indicar el tipo se sanciona diversamente cuando se trata de sociedades en comandita, sociedades de capital e industria, sociedades de responsabilidad limitada y sociedades anónimas (art. 214, inc. 2, 220, 225 y 245). Las sanciones revisten un carácter de tutela a los terceros.

Otras normas obligan a que la sociedad en proceso de regular constitución agregue a su denominación la frase “en formación” y a que la sociedad en liquidación agregue a su denominación la frase “en liquidación” (arts. 19 y 169).

La única restricción relacionada con la denominación se contiene en el inciso 3 del artículo 12. No se pueden usar denominaciones ni siglas iguales o semejantes a las adoptadas por otras sociedades preexistentes.

La norma restrictiva tiene una clara razón de ser: la defensa de la personalidad de la sociedad comercial y de sus atributos, impedir que se creen situaciones de confusión en tutela de los intereses de sus socios y la tutela de los intereses de los terceros que contraten con ella, así como el interés general de la certeza de los negocios. Se quiere evitar por la Ley cualquier tipo de confusiones. Una sociedad no puede adoptar una denominación que pertenezca a otra sociedad y tampoco puede adoptar una denominación que sea semejante a la de otra sociedad.

De todas esas normas nos interesa destacar el principio de la autonomía de la voluntad en la elección y formación de la denominación y la excepción al principio contenida en la exigencia restrictiva de que una sociedad no puede adoptar como denominación una que sea igual o semejante a la de otra sociedad preexistente.

C. Normas especiales sobre denominación

Hay normas especiales para determinados tipos sociales. No tienen denominación las sociedades accidentales (art. 483).

El artículo 214 prohíbe que en la denominación de las sociedades en comandita simple se incluya el nombre de un socio comanditario. La sanción para el caso de incumplimiento es la responsabilidad ilimitada, solidaria y subsidiaria de ese socio.

El artículo 220 que regula a la sociedad de capital e industria establece que en la denominación no puede figurar el nombre del socio industrial. Si se viola la norma, el socio se hace responsable solidariamente por las obligaciones sociales[8]. Se trata de normas dictadas para tutela de terceros, resabio del régimen del Código de Comercio, en que la “razón social” evocaba responsabilidades personales.

Cuando la sociedad está en formación debe así indicarlo, con un agregado en su denominación. Lo mismo sucede cuando se encuentra en estado de liquidación (arts. 19 y 169).

Existen normas especiales en otras regulaciones. Por ejemplo. Las normas sobre entidades de intermediación financiera, se prohíbe el uso del nombre banco, bancario, derivados o similares a las entidades privadas no autorizadas para ejercer la actividad bancaria (art. 3 D.L. 15.322) el mismo artículo agrega que “La denominación que utilicen las empresas financieras no deberá dejar dudas acerca de su naturaleza e individualidad, a juicio del Banco Central del Uruguay.  La norma establece que el Banco Central del Uruguay podrá proponer al Poder Ejecutivo las medidas correctivas frente a cualquier empresa, financiera o no, cuya denominación ofrezca dudas acerca de su naturaleza o actividad financiera. Se agregó por Ley 16.327 que el Banco Central del Uruguay puede disponer la clausura temporal de las empresas en infracción o su clausura definitiva, previa autorización del Poder Ejecutivo.

El Decreto 399/93 que regula las AFAP, establece que en su denominación debe figurar “Administradora de Fondos de Previsión o AFAP”. En la nueva Ley 17.243, se impone que las sociedades de garantía recíproca utilicen en su denominación “Sociedad Anónima de garantía recíproca”.

III. Denominación social y propiedad industrial

La Ley 17.011 contiene normas sobre nombre comercial. Sus normas son distintas a las analizadas de la Ley 16.060 sobre denominación.

A. Nombre comercial

El artículo 67 establece: “Los nombres comerciales constituyen una propiedad industrial a los efectos de esta ley”. 

El artículo 68 dispone: 

“Si una persona física o jurídica quisiera desarrollar con fines comerciales una actividad ya explotada por otra persona, con el mismo nombre o con la misma designación convencional, deberá adoptar una modificación clara que haga que ese nombre o esa designación sea visiblemente distinto al preexistente.

La Ley 17.011 crea instrumentos de tutela para el nombre comercial (arts. 67 y ss.). El comerciante o industrial que quiera ejercer una industria ya explotada por otra persona con el mismo nombre o con la misma designación convencional, deberá adoptar una modificación clara que haga que ese nombre o esa designación sea visiblemente distinto al preexistente (art. 68). Se trata de una tutela a quien primero adoptó el nombre comercial y para la defensa de su clientela, que podría ser desviada por una actividad de competencia desleal de quien se aprovechara indebidamente de su nombre. 

Si, contrariando la Ley, se ejerce un comercio o una industria con el nombre de otro, éste tiene un plazo para reclamar de cinco años, desde el día en que se empezó a usar por otro, bajo sanción de caducidad de su acción (art. 69).

El nombre a que se refiere la Ley 17.011 no se trata del nombre utilizado por una persona física o jurídica para su identificación personal sino del nombre con que se quiere individualizar una actividad comercial o industrial. El nombre comercial pertenece en propiedad a quien lo usa para distinguir su establecimiento o su actividad.

El nombre comercial cumple una función distinta a la denominación social. El nombre comercial cumple con una función de atracción de clientela. Por ello, la regulación de la denominación social y del nombre comercial es distinta.

De acuerdo a la Ley 17.011, no se puede adoptar el nombre ya usado por otra persona, para la explotación de una determinada actividad comercial pero podría ser usado para explotar otro giro. En la Ley 16.060, en cambio, no se puede usar la denominación ya usada por otra sociedad, cualquiera fuera su giro. Sin perjuicio de ello, puede sostenerse que, aplicando la Ley 17.011, una sociedad que se crea con un determinado objeto no podría adoptar el nombre que otra persona utiliza para su establecimiento del mismo giro.

B. Marca

La marca es un signo que distingue productos o servicios (art. 1 Ley 17.011). 

La Ley 17.011 posibilita que el nombre de las personas físicas o la denominación de las sociedades y el nombre comercial sean utilizados como marca, siempre que se cumplan determinadas condiciones.

La Ley establece que no se puede usar como marca el nombre de personas que vivan, mientras no se obtenga su consentimiento ni de los fallecidos sin el consentimiento de sus herederos (art. 5.3)[9]

Tampoco se pueden usar las palabras similares a un nombre comercial. El artículo 5.6 prohíbe usar como marca los signos o las palabras que constituyen la reproducción, la imitación o la traducción total o parcial de una marca notoriamente conocida o de un nombre comercial”.  

El titular de ese nombre comercial podrá oponerse al registro de una marca que pretenda adoptarlo o pedir la nulidad del registro.

Nada se establece en esta ley, respecto a la denominación de las personas societarias pero debe entenderse que ninguna persona puede usar como marca la denominación de una sociedad, sin consentimiento de ésta, aplicando extensivamente el artículo 5.3, por cuanto la denominación es un atributo de su personalidad.

Nada establece, tampoco, la Ley 17.011 sobre la posibilidad de que se adopte, como denominación de una sociedad, una marca registrada. Sin embargo, nuestra doctrina sostiene que no se puede hacer[10].



[1] Fremery, Etudes du droit commercial.

[2] Garrigues sostiene al respecto: 

“La denominación de la compañía cumple, como el nombre para las personas físicas, una función identificadora. Es el dato fundamental a través del cual se conoce a la sociedad en su actuación en el tráfico...” (Garrigues y Uría, Comentario a la Ley de Sociedades Anónimas,  t. I, p. 120).

[8] Por aplicación del artículo 76, su responsabilidad será subsidiaria.

[9] El artículo 5.3 de la Ley 17.011 establece que no podrán ser registradas como marcas: 

Los nombres o los retratos de las personas que vivan, mientras no se obtenga su consentimiento, y los de los fallecidos mientras no se obtenga el de quienes hayan sido declarados judicialmente sus herederos, entendiéndose por nombres, a los efectos de esta disposición, los de pila seguidos del patronímico, así como el solo apellido, los seudónimos o los títulos en cuanto individualicen tanto como aquellos.

[10] Rippe Káiser sostiene que una sociedad no puede usar como denominación, una marca registrada (Rippe Káiser, Temas de Derecho Societario, p. 193.  

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