Cuenta corriente mercantil

Por Nuri E. Rodríguez Olivera y Carlos E. López Rodríguez

La cuenta corriente se celebra cuando entre dos comerciantes, existe una relación continuada de negocios. De sus relaciones nacen créditos y deudas recíprocas, que se van creando sucesivamente. Uno a otro se remiten mercaderías, dinero, títulos valores.

De no existir contrato de cuenta corriente, ante tal estado de cosas, cada operación de la cual surgiera una obligación o se extinguiera otra preexistente daría lugar a una liquidación especial con los pertinentes movimientos de dinero. Por el contrato de cuenta corriente se crea un mecanismo mediante el cual se evitan las liquidaciones particulares. Todas las operaciones realizadas se incluyen en una cuenta común y se inscribirán como anotaciones del debe o del haber y vencido el plazo que se acuerde se sumarán las cifras anotadas en cada columna. En ese momento, se compensarán las sumas, haciéndose exigible sólo el saldo final, que será de cargo de una sola de las partes.

La cuenta corriente supone, así, un aplazamiento de la exigibilidad de los respectivos créditos y la liquidación de los mismos en un momento posterior mediante compensación[1].

I. Concepto de cuenta corriente

Contrato por el cual dos personas, en relación de negocios continuados, acuerdan concederse temporalmente crédito recíproco, quedando obligadas ambas partes a ir asentando en cuenta sus remesas mutuas, sin exigirse el pago inmediato sino el saldo a favor de la una o de la otra, resultante de una liquidación por diferencia al ser aquélla cerrada en la fecha convenida[2].  

A. Objetivo del contrato

De acuerdo a la definición referida, el objetivo del contrato es doble:

1. Concesión recíproca de crédito puesto que se difieren los pagos

La concesión recíproca de crédito es una consecuencia del diferimiento de los pagos. 

El cuenta correntista tiene confianza en la voluntad de cumplir del otro cuenta correntista. Tiene una creencia en la capacidad de pago futuro de su contraparte y, por ello, no exige el cumplimiento inmediato.

2. Sometimiento de los pagos a una posterior liquidación y compensación

Las partes pueden señalar qué género de operaciones quedarán excluidas de ese tratamiento jurídico. 

Así como pueden ponerse de acuerdo para que no entre en la cuenta una remesa concreta y determinada.

B. Ventajas que ofrece la contratación de una cuenta corriente

En función de los caracteres enunciados, la cuenta corriente ofrece las siguientes ventajas:

1. Las ventajas inherentes al crédito, puesto que la cuenta corriente supone un crédito recíproco. Cuando una parte concede crédito a otra, le presta una ayuda económica. En el caso de la cuenta corriente, como el crédito es recíproco, cada parte se presta ayuda a sí mismo y satisface así necesidades ajenas y propias.

2. En función del crédito recíproco el comerciante puede destinar su dinero a otras actividades, haciéndolo fructificar en otros negocios. El comerciante no tiene que tener en caja importantes sumas, inmovilizadas y disponibles.

3. Se simplifican las relaciones comerciales pues se evitan pagos parciales, recíprocos, reduciéndolos a un pago único y definitivo y, además, se evitan movimientos de dinero, con la consiguiente supresión de riesgos y gastos.

C. Comercialidad de la cuenta corriente

El Código de Comercio (CCom) no regula este contrato en forma completa. Sólo contiene diversos artículos que lo mencionan: 82, 557, 719, 720, 964 y 1019

Se trata de normas aisladas y dispersas que no contienen una regulación completa de esta figura contractual[3].

Langle dice que es comercial porque nació en el comercio y se utiliza en el comercio; generalmente son comerciantes quienes lo celebran y se usa para las actividades de su tráfico. Es cierto lo que dice el autor español; es en el mundo de los negocios donde esta figura funciona efectivamente.

Podríamos decir que es comercial en todos los casos, puesto que las escasas normas legales que la regulan están en el CCom; la discusión es irrelevante por cuanto sea cual fuere su naturaleza se rige por las normas referidas.

II. Caracteres del contrato

A. Consensualidad

El contrato de cuenta corriente se perfecciona con el simple consentimiento de las partes (art. 1252 CC). No está sometido a ninguna formalidad. Los asientos en los libros sirven para comprobación de las remesas, pero no se requieren para la existencia del contrato. Tendrán valor probatorio.

Se ha sostenido que es real, diciendo que se requiere la existencia de una remesa de un cuenta correntista a otro. No es así, porque el contrato de cuenta corriente es un contrato normativo que va a encauzar la futura actividad de las partes pero que no supone ineludiblemente esa actividad. El hecho de que se celebre un contrato de cuenta corriente no obliga a que las partes se efectúen remesas; sólo obliga a que, para el caso de que se efectúen remesas, ellas queden reflejadas en la cuenta corriente.

B. Conmutatividad

Cada contratante busca y obtiene una ventaja a cambio de una prestación equivalente (art. 1250 CC). El hecho de no saberse quién resultará acreedor al cerrarse la cuenta no envuelve un alea. No hay ganancias que dependan de un acontecimiento incierto, sino que de las remesas que voluntariamente se hayan hecho resultará quién es deudor (art. 1250 CC).

C. Otros caracteres

Es bilateral o sinalagmático (art. 1248 CC) pues impone obligaciones recíprocas a las dos partes.

Es oneroso, porque tiene por objeto la utilidad de ambos contratantes gravándose uno en beneficio de otro (art. 1249).  

Es principal, subsiste por sí mismo, sin necesidad de otra convención (art. 1251 CC).

Se ha pretendido por alguna doctrina que el contrato de cuenta corriente es accesorio o un contrato preliminar, pero no es ni lo uno ni lo otro. El contrato de cuenta corriente mercantil subsiste por sí mismo sin necesidad de ningún otro contrato (art. 1251 CC). El contrato preliminar es aquel por el cual se acuerda un contrato futuro, determinando sus cláusulas esenciales. En el contrato de cuenta corriente no se regulan situaciones futuras, pues los créditos o débitos pueden derivar de las más variadas modalidades contractuales.

En un contrato innominado, pues no está regulado en forma orgánica y completa por la Ley.

De ejecución sucesiva y por ende de duración.

Normativo, establece entre las cuenta-correntistas un mecanismo general o modo de regular sus operaciones futuras y eventuales. En el contrato normativo hay coordinación y reglamentación de una actividad futura y eventual.

La cuenta corriente mercantil no obliga a realizar contratos sino que establece cómo se regularán sus efectos para el caso eventual de que se celebren. Como es obvio, para que ese contrato produzca efectos útiles, será menester que entre las partes se celebren negocios jurídicos, de los cuales nazcan créditos o deudas que permitan el funcionamiento de la cuenta corriente mercantil.

III. Ejecución del contrato

A. Remesa

1. Concepto de remesa

Se llama remesa a toda operación o negocio jurídico entre los cuenta correntistas que determina el nacimiento de un crédito para uno de ellos contra el otro

Se aclara que no es el asiento en la cuenta corriente lo que hace nacer el crédito. La anotación en la cuenta corriente no es fuente del crédito no es su causa. La anotación en la cuenta corriente, de una partida o un asiento, es un efecto de esa negociación anterior.

Las remesas son facultativas. Se efectúan por las partes a su arbitrio. No puede un contratante obligar al otro a que las haga.

No hay obligación de realizar operaciones sino de asentar en cuenta los créditos derivados de ellas. Un cuenta correntista sólo puede obligar al otro a que incluya en la cuenta la remesa que le ha hecho.

2. Efectos de la remesa

El cuenta correntista, al realizar una remesa, pierde el derecho de exigir su contravalor mientras el contrato de cuenta corriente mercantil siga vigente. La remesa es generadora de créditos contra la parte que la recibe.

Al inscribir una remesa en la cuenta corriente mercantil se paraliza la exigibilidad del crédito nacido por la operación jurídica que ella implica. El que envía una remesa a un cuenta correntista, renuncia a hacer valer el crédito nacido a su favor[4].

Las remesas singulares y sucesivas alimentan el haber de la cuenta y quedan sujetas a un destino final de compensación. Dejan de ser exigibles y disponibles aisladamente. Las partes se comprometen a incluirlas en una cuenta (unidad) y a no segregarlas (indivisibilidad)[5]

Esa unidad e indivisibilidad deriva de la concesión del crédito recíproco. La cuenta corriente se liquida como un todo al final de la cuenta.

Como no se opera novación persisten las garantías personales y reales de los créditos anotados. Por lo mismo, se mantienen los plazos de prescripción aplicables a la operación que originó cada asiento, así como las acciones y excepciones, propios del negocio que se incluyó en la cuenta.

Cada  crédito asentado en la cuenta corriente mercantil se mantiene con todos sus atributos individuales, sólo afectado por un estado de quietud. Lo que las partes quieren con la celebración de este contrato, es que los créditos no sean inmediatamente exigibles. Se harán exigibles al final, cuando la cuenta corriente mercantil se cierre.

La compensación sólo se producirá al cierre de la cuenta corriente mercantil porque para que haya compensación se requiere, que hayan dos créditos recíprocos y exigibles y en la cuenta corriente sólo hay exigibilidad al cierre de la cuenta corriente. Al cierre se contraponen las dos masas, de créditos y de débitos y, luego, se compensarán. La compensación se realiza con respecto a las cantidades concurrentes: el saldo definitivo es el exceso de la deuda, que no queda extinguida. No es un crédito que sustituya a otro sin un residuo de créditos anteriores.

La compensación se detiene hasta el final. Los créditos subsisten privados de exigibilidad y sólo se extinguen con la liquidación y cierre de la cuenta, pero no por su novación sino por compensación. Con la compensación se evitan las transferencias de dinero en los dos sentidos y se hace un sólo pago:  el pago del saldo.

Algunos autores sostienen que hay compensaciones sucesivas, a medida que se anotan en la cuenta corriente, pero no es así. No se opera una compensación inmediata toda vez que exista un crédito recíproco y a medida que se van asentado en la cuenta, porque la inclusión en la cuenta los hace inexigibles y ello les quita uno de los caracteres para que se opere la compensación. No hay interés en que se realicen compensaciones sucesivas. No habrá saldo exigible hasta el final. Las partes han pactado, por otra parte, una compensación final.  

Las consecuencias de la tesis moderna son las siguientes: mientras la cuenta corriente mercantil está abierta uno de los cuenta correntistas no puede exigir al otro el pago de un crédito que esté anotado en la cuenta; no se puede pedir el concurso en base a un crédito incorporado a la cuenta corriente mercantil; los créditos en cuenta corriente mercantil no pueden servir como provisión de una letra de cambio por que no se sabe si existe crédito o no hasta el final, hasta el cierre.

B. Intereses

1. Régimen de los intereses

Los créditos anotados en la cuenta corriente generan de intereses. El art. 720 del CCom dispone:

"Pueden los comerciantes abonarse recíprocamente intereses sobre las respectivas partidas de sus cuentas corrientes, con tal que las partidas sean ciertas y líquidas, aunque no haya precedido estipulación alguna a ese respecto.

No se admitirán en juicio cuentas de capital con intereses, sin que estos se hallen recíprocamente abonados en las partidas, así de cargo como de data.”

El art. 711 establece necesidad de pacto expreso en materia de préstamo pero, por el art. 720, no se requeriría para la cuenta corriente mercantil. Se trata de un interés remuneratorio que compensa a quien efectúa una remesa por la imposibilidad de exigir pago alguno. Es una compensación por el crédito acordado.

Los intereses de unos y otros créditos se compensan, al final, cuando se compensan capitales.

Desde luego que la liquidación del interés dependerá de lo que se acuerde por las partes. Puede pactarse diversa medida de los intereses para cada uno de los cuenta correntistas o que ciertas remesas no devenguen intereses. Puede pactarse que no devengue intereses ninguna remesa.

2. Capitalización de intereses

El art. 718 establece que puede capitalizarse los intereses al vencimiento de cada año.  

En opinión de Szafir, la Ley de Usura n° 18.212 de 2007 de (art. 5, inc. 1) acaba con la capitalización de intereses, puesto que sólo permite liquidar intereses sobre el capital efectivamente prestado.

Sin embargo, en el último inciso del art. 5 de dicha Ley se establece que lo dispuesto en el inc. 1 "es sin perjuicio (...) de los criterios de imputación a la paga previstos en el Código de Comercio."

C. Cierre de la cuenta

1. Rendición de cuentas

No debe confundirse el cierre de la cuenta corriente mercantil con su clausura.  

El cierre es la liquidación de una cuenta para fijar el saldo y capitalizar intereses.

No significa necesariamente la extinción del contrato de cuenta corriente mercantil.

El art. 82 del CCom se refiere a la cuenta corriente mercantil cerrada al fin de cada año. El art. 82 dispone: 

“Al fin de cada negociación, o en transacciones comerciales de curso sucesivo, los comerciantes corresponsales están respectivamente obligados a la rendición de la cuenta de la negociación concluida, o de la cuenta corriente cerrada al fin de cada año.

De manera que al fin de cada año puede exigirse una liquidación, aunque ello no signifique necesariamente cierre.

2. Efectos del cierre

Se forman las dos masas del debe y del haber y, luego, se produce la compensación, con la suma de cada columna. Surgirá el crédito por el saldo que arroje la compensación. Luego, se podrá formular una declaración de voluntad de los cuentas correntistas aceptando el saldo.

Aprobado por los cuenta correntistas el saldo se hace exigible. La aceptación se considera como etapa final de la ejecución del contrato. Puede haber aceptación expresa o tácita.

Si hay aprobación expresa, no hay problema. Aceptado en forma expresa el saldo por uno de los cuenta correntistas, se constituye en obligado a su pago. Puede llevarse el saldo a cuenta nueva, si existe acuerdo en continuar con el contrato de cuenta corriente.

En cuanto a la posibilidad de una aceptación tácita, es de aplicación el art. 86 del CCom, que dice así:

“El que deja transcurrir un mes, contado desde la recepción de una cuenta sin hacer observaciones, se presume que reconoce implícitamente la exactitud de la cuenta, salva la prueba contraria, y salva igualmente la disposición especial a ciertos casos (artículo 557).

Las reclamaciones pueden ser judiciales o extrajudiciales.”[6]

En cuanto a la exigibilidad del saldo, es aplicable el art. 252 del CCom que establece: 

“La obligación que por su naturaleza, no fuere esencial la designación del plazo, o que no tuviera plazo cierto, estipulado por las partes, o señalado en este Código, será exigible diez días después de su fecha.”

La cuenta aprobada, por sí misma, no es título ejecutivo. El art. 353 del Código General del Proceso, se refiere a documentos privados suscriptos, reconocidos o dados por reconocidos en juicio. El saldo liquidado en una cuenta corriente mercantil no se un documento privado suscripto por la parte contra quien se pretenda ejecutar.

A partir del cierre empieza a correr prescripción corta de cuatro años (art. 1019, inc. 3, CCom). Antes no podría comenzar a correr porque hasta el cierre no hay acreedor ni deudor; recién con el cierre, reaparece la exigibilidad.  

¿Cuáles son las diferencias entre la cuenta corriente mercantil y la cuenta corriente bancaria?



[1] El art. 1823 del CC italiano define a la cuenta corriente mercantil en los términos siguientes: 

“El contrato de cuenta corriente es el contrato por el cual las partes se obligan a anotar en una cuenta los créditos derivados de las remesas recíprocas, considerándolos inexigibles e indisponibles hasta la clausura de la cuenta.

Puede leerse sobre este tema el libro Cuenta corriente mercantil de ALBANELL MAC COLL (Montevideo: 1958).

[2] Langle, op. cit., p. 380.

[3] Si bien su uso comenzó en la Edad Media, los primeros códigos de comercio no lo regularon. El CCom chileno de 1866 fue uno de los primeros que legisló en especial sobre la cuenta corriente. Luego el Código argentino en reforma de 1890 lo reglamentó. En Italia hay reglamentación en Código Civil 1942. Solo hay textos aislados en Francia, Bélgica, Holanda, Brasil, Suiza, España. En resumen, se puede comprobar que en muchas legislaciones no ha sido reglamentada y los países que lo han hecho, lo han hecho tardíamente.

[4] De manera que, la remesa puede responder a las más variadas operaciones y no sólo a una compraventa.

(En la doctrina clásica francesa se entendía que uno de los efectos de la cuenta corriente era la trasmisión de correntista a otro y al asentar la operación contablemente, se operaba una trasmisión de propiedad).

Ello tenía consecuencias lógicas: el receptor tenía libre disposición de lo recabado; el remitente no podía reivindicar lo remitido; los riesgos corrían por cuenta del receptor.

En la doctrina clásica francesa se entendía que uno de los efectos de la cuenta corriente era la trasmisión de propiedad de las remesas. Para esa doctrina, la remesa era el envío  de dinero o valores de un cuenta correntista a otro y al asentar la operación contablemente, se operaba una trasmisión de propiedad.

La doctrina clásica en proceso lento fue sufriendo críticas: se observó que la trasmisión de propiedad no era consecuencia de la cuenta corriente, sino del negocio jurídico que originó la remisión; había situaciones en que no podía hablarse de trasmisión de propiedad, caso del comisionista.

[5] Thaller expresaba que las remesas quedan como fundidas en un crisol, pero no es tan así. Los créditos mantienen su propia individualidad; lo que sucede es que las partes han convenido en incluirlos en una cuenta formando una unidad.

[6] Para algunos autores alemanes el reconocimiento del saldo tiene alcance constitutivo y generador de derechos. La doctrina francesa y la italiana sostiene que el saldo es producto del contrato inicial de cuenta corriente y el reconocimiento sólo tiene valor declarativo.

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